sábado, 29 de agosto de 2015

Aprendiendo de los niños!

Aprendiendo de los niños: La Salud y la Educación con una mirada desde las posibilidades y virtudes individuales
Por Lucía Sánchez, Musicoterapeuta y Directora de Lazos, centro de arte y salud, para Realidad Sanmartinense
En Lazos, pensamos el Arte y la Salud, desde la prevención, desde ese lugar de posibilidad, de potencialidad, de inquietud, de juego y creatividad, de avidez, de cooperación, de comprensión, de solidaridad y compasión, naturales en la niñez y la adolescencia. Y más aún, cuando estos niños crecen contenidos por adultos que brinden oportunidades de autoconocimiento y registro de las posibilidades y sentimientos individuales y de los otros.

Cuando a la salud se la piensa desde el “no poder”, desde la diferencia como obstáculo, cuando tenemos miedo de lo que no conocemos, lo distinto, y no nos hacemos cargo de lo que eso le produce a cada uno como persona, generamos más distancia, más prejuicio, más desigualdad, resaltamos lo negativo de cada uno, las dificultades, los déficits.
Es como cuando se pensaba a la Educación unidireccionalmente: un niño que no tenía ningún saber y había que llenarlo de contenido sin tener en cuenta su motivación, su tiempo de atención o capacidad singular, sus saberes, y se pensaba en una educación para todos igual, al mismo ritmo, del mismo modo, con el mismo recurso para todos. Pareciera que la Educación y la Salud están transitando un camino lento hacia un cambio de paradigma, que valore, resalte y respete la singularidad y el proceso individual en cooperación con otro y no en competencia con otro.
Tenemos tanto que aprender de nuestros niños… Cuando en alguno de los grupos de talleres o en alguna actividad abierta a la comunidad que solemos realizar asiste algún niño con necesidades especiales, el resto de los niños no repara en la diferencia como algo que les impida vincularse o jugar. Todo lo contrario. Al mismo tiempo dicen, preguntan: “¿Por qué?” Ponen de manifiesto, sin miedo.
Es allí donde se explica y se pone en valor esa diferencia como posibilidad de intercambio y crecimiento. En muchas ocasiones observamos que son los adultos responsables los que se incomodan con las preguntas o se asustan con la posibilidad de que su hijo juegue con un niño diferente, o muchas veces se preguntan si puede afectarlos en la autoestima intercambiar con chicos que presentan ciertos desafíos.
Es evidente que las limitaciones las ponemos de manifiesto los adultos, ya que los niños, lejos de afectar su autoestima, se enriquecen, crecen como personas, se brindan apoyo mutuamente, se forman como personas íntegras, para construir un mundo real, para todos.