sábado, 5 de diciembre de 2015

Premio a la Inclusión para el CPEM 13 de San Martín de los Andes

Gianfranco Zumín ya es un egresado. Terminó el colegio secundario, a los 19 años, en el CPEM 13 y celebró ayer con sus compañeros, familiares, profesores y amigos. Como les pasa a todos los egresados, una etapa se termina y una nueva, inicia. Gianfranco y sus padres, Gabriel y Karina, saben que tendrán que seguir luchando por el derecho de igualdad de oportunidades en una sociedad que, si bien ha crecido en este sentido, aún le cuesta ser inclusiva. Más aún en temas de estudios terciarios y el mundo del trabajo.

El gimnasio de la Escuela 134 se llenaba de familiares ayer por la tarde para participar de la ceremonia de graduación del los chicos y chicas del CPEM 13. En los alumnos de los quintos años, protagonistas de la jornada, se veían rostros felices: sonrisas, ansiedad, emoción. Entre ellos, en su silla de ruedas y con su parálisis cerebral a cuesta, estaba Gianfranco, con el mismo rostro feliz de sus compañeros.


El acto, como todos los actos escolares, comenzó con el ingreso de las banderas de ceremonia, los nuevos abanderados y el canto de los himnos. Pero en un momento le tocó compartir unas palabras a un querido profesor, si la querencia se midiera por la cantidad de aplausos de los estudiantes.  Tomó el micrófono Leandro Uteda, profesor de literatura, y entre sus espontáneas palabras expresó: “Aprendí mucho de Gianfranco. Al principio tenía miedo de ser su profesor y resultó ser un alumno excelente con el que me divertí mucho”.  Luego destacó lo unidad del grupo y su inclusión en él.

Es que de entrada, parece que la presencia de Gianfranco  desafía y cuestiona. Propone un acercamiento diferente y sin dudas, para abordarlo, hay que cambiar. Cambiarse uno, como le pasó al profesor, cambiar una institución, como le pasó al a escuela, y  cambiar un grupo, como le pasó a sus compañeros. También al Estado, que debió crear nuevos cargos para acompañar este proceso.  Tal vez por eso Raúl Pérez, asesor pedagógico de la escuela explica: “Gianfranco es un transformador de la vida de los demás, al principio, como decía Leandro, puede dar un poco de miedo por el desafío que provoca lo diferente, pero en el proceso crecemos todos”.

Pérez continúa: “El ingreso  de Gianfranco en su momento fue el desafío de la escuela, con mayúsculas, y abrió un camino para que cada vez haya más alumnos integrados. Haberlo visto entrar a la escuela y verlo hoy egresar, es pura emoción”.  Fue tan importante este proceso que en la escuela se creó hace unos años atrás el cargo de Asesora Pedagógica para Necesidades Educativas Especiales, que ocupa la psicopedagoga Natalia Banega, un cargo de alta relevancia que permitió continuar integrando alumnos a la escuela.

En la actualidad, desde primero a quinto año se están integrando unos 10 adolescentes con distintas discapacidades, ya sea parálisis cerebral,  mielomeningocele, ceguera o discapacidad intelectual. Gianfranco abrió la puerta. Y el camino transitado requiere de una permanente actitud de articulación, en los últimos tiempos entre la Escuela Laboral, el CPEM y el sector privado, donde los chicos realizan diversas terapias. Siempre hay quien abre puertas, quien tiene una necesaria mirada diferente que contagia a los otros. Entre los profesores, para Gianfranco, fue el de biología. Se animó a mirar distinto y esto repercutió en los primeros tiempos, los más difíciles, en sus compañeros de trabajo y su relación con él.

Su mamá Karina y su papá Gabriel estaban ayer profundamente emocionados. Es que con una miradita hacia atrás recuerdan lo que les costó cada paso hasta aquí, y lo que costarán los que vienen.  Siempre abriendo puertas. Recordaban ayer que de chiquito Gianfranco pasó por el Catdi, luego el Jardín 43, la Escuela Especial, la primaria en la Escuela 134, la Laboral y el CPEM 13. Karina nunca bajó los brazos por la integración de su hijo, con una fe inquebrantable y un espíritu luchador conseguía los informes pedagógicos que avalaban que Gianfranco era capaz de integrarse y allí iba con ellos hacia adelante, consiguiendo los apoyos necesarios para lograrlo.

Gabriel, su papá, proyecta: “A Gianfranco le gustaría estudiar italiano y computación,  para tener un trabajo de algunas horas ligado a la informática”. Karina agrega, “también le gusta escribir y seguramente hará un taller literario”. Gianfranco la sabe pelear. Ayer le dieron junto a otros tres compañeros, en el escenario, un reconocimiento al esfuerzo realizado. Y su sonrisa afirmaba que va por más.

El esfuerzo personal y familiar es realmente una clave. Sólo pensar que en los últimos dos años Gianfranco recibió dos operaciones importantes, en la columna y en las piernas, por lo que debió viajar a Buenos Aires y ver especialistas.  La vida cotidiana es para él un desafío y el Estado debe estar allí para asegurarle, entre otros, el derecho de igualdad de oportunidades.

Por ello Karina espera que pronto se resuelva desde Instituto de Seguridad Social de Neuquén, el acceso a una nueva silla de ruedas motorizada, “que ya está aprobada, pero no sale la entrega por una cuestión de fondos”, así como también es importante tanto para él, como para los otros alumnos integrados, que las obras sociales abonen en tiempo y forma a los profesionales que desarrollan con ellos las diversas terapias, necesarias para atravesar este camino en el cumplimiento de sus derechos, que, a veces, nos confiesa, “demoran injustamente unos seis meses”.

El CPEM 13 recibió este año muchos premios y disfrutó de una variedad de logros que se compartieron en el acto de ayer: Olimpíadas de matemáticas, Neuquén Idea, Cooparte, intercolegiales,  Scholas, viajes y más.  Pero tal vez el mayor logro de esta comunidad educativa sea el de la inclusión, y el egreso de Gianfranco, el premio. Los directivos del CPEM 28 enviaron  unas líneas para sumarse a la ceremonia, y en un párrafo destacaron: “No es grande quien siempre triunfa, sino el que nunca se desalienta”.