martes, 9 de mayo de 2017

"Los titiriteros somos unos grandes mentirosos"

Entrevista con Daniel Aguirre, fundador del “Festival Internacional de Títeres”, cuya décima edición culminará este domingo.

Por Daniel Bornetto
Se está desarrollando en nuestra ciudad el 10° Festival Internacional de Títeres, que culminará el próximo domingo con la presentación del “Tata” Cedrón y la Musaranga,  de la mano de su obra “Un puchero misterioso”.
Daniel Aguirre, reconocido titiritero de nuestra ciudad quien llegó hace 20 años a San Martín de los Andes, fue el impulsor de este evento cuyos orígenes recuerda con nostalgia.
Transcurría el 2007 y mientras llevaba sus creaciones a diferentes eventos y escuelas dibujando una mueca de sonrisa en los más pequeños, pensó en materializar una ilusión, como la que sus títeres generan en cada presentación.

Su periplo por diferentes ciudades del planeta le dio la posibilidad de transitar y compartir experiencias con sus colegas y descubrir nuevas técnicas,  que enriquecieron  -tal como  denomina en la presente entrevista-  su “oficio”
Y en el ejercicio del mismo se fue nutriendo de nuevas habilidades  y consideró que aquello que sucedía en distintos rincones y diferentes culturas podría ser replicado aquí. Así fue como acercó su propuesta al Municipio y este sueño comenzó lentamente a concretarse.
Primero, amigos cercanos pensaron que era una locura organizar semejante festival ya que requería de una estructura que incluyese traslados, hospedaje, alimentación e inclusive espacios donde exhibir los espectáculos.
Él, tenazmente, fue guiado por sus latidos que sugerían no claudicar pensando siempre en la necesidad de los sectores más vulnerados que no tienen acceso a la cultura, la que considera un “derecho, una necesidad”  y no un lujo.
Y así arranco nomás la historia, con un Renault 6 –de su propiedad- que puso a disposición del evento. Llevando y trayendo fantasías, tejiendo perseverante con trabajo, vistiendo la ciudad de color, creyendo a pesar de los obstáculos, hilvanando sueños a cada paso.
Hasta que de tanto va el cántaro a la fuente…. Y sí, la misma cede. Y el artífice es Daniel Aguirre quien en una cálida entrevista realizada por Infancia y Adolescencia SMA en la Sala Lidaura Chapitel y en medio de la organización del festival, conversó con nosotros para conocer pormenores de esta historia
-¿Cómo surge el festival?
-Hace 10 años se nos ocurrió hacer este festival. Siempre digo que tienen que ver con un dar las gracias, yo por suerte como titiritero tengo la posibilidad de ir a otros festivales, hay muchos en Argentina. Hay un movimiento de titiriteros que parece estar oculto pero funciona y con mucho público. Tuve la posibilidad de viajar a otros festivales y siempre tenía las ganas de invitar a mi casa a esos maestros que encontraba por ahí en los caminos y a los que admiraba y al ver lo que hacían muchas veces decía: ¡Uhhh (se le llena la cara de asombro) mirá este espectáculo me gustaría que se pueda ver a San Martín e invitarlos a mi casa! Por otro lado, también es como un dar las gracias a los chicos y chicas y escuelas de San Martin, que eran siempre como mi continente. Yo cuando recién llegue acá hace 20 años, a los lugares donde hacia funciones eran las escuelas y siempre me contenían, esas dos cosas: darle las gracias al publico y a los compañeros que me habían invitado a sus casas. Así fue como hace 10 años comenzamos con esta locura, nadie me creyó mucho, solamente un amigo y con ese amigo lo hicimos. Teníamos un Renault 6 y con ese coche trasladábamos a  los grupos. La Municipalidad me dijo podemos hacer 6 funciones y se hicieron las 6, recuerdo que vinieron tres grupos. El Festival duro tres días: miércoles, jueves y viernes. No nos animamos a hacer fin de semana por miedo a que la gente no vaya. Ese fue el primero.
-¿Y la historia hoy?
Y hoy ya estamos en en el décimo, vienen 10 grupos y hacemos 60 y pico de funciones, creo que eso desde lo cuantitativo es la diferencia que tienen esos dos festivales, pero el espíritu era el mismo, sigue siendo el de construir una idea, un concepto en la gente y en el Estado e inclusive en nosotros mismos, que la cultura es un derecho. Nosotros creemos que la cultura es un derecho como cualquier otro y por ende, como los derechos no se pagan creemos que deben ser gratuitos. En aquel primer festival tratamos de involucrar al Estado en este concepto y fue fantástico porque hasta hoy pudimos ir construyéndolo. Así llegamos a que a la fecha, el 98 5% de las actividades son gratis y cuando decimos gratis -recién hablábamos con la Secretaria de Cultura- no es que entran gratis, sino que los papás de los chicos ya pagaron los impuestos. Son los aportes del Estado y el estado administró y hoy devuelve eso, justamente para cubrir los derechos y para eso está el Estado. Y eso se fue construyendo poco a poco y a pesar de que cambien los gobiernos se continua con esa idea. Hoy el Festival se ha convertido en una política de Estado.
¿Cuál es la esencia de un titiritero y la conexión con sus creaciones?
Los titiriteros somos unos grandes mentirosos, pero como la mentira más hermosa creo que es esta ilusión que tienen lo niños y nosotros, ese espacio en el que nos juntamos y decimos vamos a creer en otra cosa, a creer que ese títere está vivo y creemos durante 45 minutos. Creemos que esa historia es real y los títeres están vivos y emocionan. Si creemos que esas cosas son diferentes también podemos creer en un país diferente. Lo que digo es que un chico que vio hace 10 años títeres, cuando empezó el festival estaba en el Jardín y hoy 10 años después con 15 años ya está en tercer año. Son 10 años de su vida, es casi toda su vida. Yo creo que ese chico no es el mismo que si no los hubiese visto, creo que los títeres lo han modificado en algo. Ese chico que hoy tiene 15 dentro de muy poquito, 20, 25 años, puede ser el taxista o el intendente.
 A partir de una gran mentira a la que aludís ¿se estimula la creatividad?
Sí, claro. Es como la esperanza, es como la ilusión pero palpable. Yo puedo tocar esa ilusión. Cuando uno hace títeres no lo hace por el dinero, obviamente necesitamos vivir. Hay una característica de los titiriteros y es que viven de los títeres, es su oficio. Nosotros decimos que los títeres no vienen de las bellas artes, vienen más bien de los oficios. Yo fui detectando esas cosas, porque si había una posibilidad de ir a una función a un barrio humilde íbamos igual. Esa necesidad que estaba dando vuelta, nosotros fuimos detectándola. El espacio en el cual los chicos y las chicas podían plantearse otras cosas, cambiar. Por eso el objetivo del festival siguen siendo el mismo, que nuestro niños y niñas puedan mirar otras cosas.
¿Esa ilusión se alimenta con el acceso a la cultura?
Creo que es fundamental y nosotros creemos en este espacio. Es una vez al año pero los chicos esperan esa vez, esperan este festival. Saben que en mayo se empiezan a caer las hojas o las cachañas comienzan a bajar. Saben también que el festival va a aparecer. Por eso la necesidad del Estado, ya es una obligación hacerlo.
Respecto a la grilla de espectáculos ¿cómo vas detectando a estos titiriteros y como se va conformando la misma?
En un principio no hay una convocatoria abierta, pública. Vamos haciendo como redes para poder convocar titiriteros. En general tratamos de tener la gran diversidad que hay de títeres en toda Latinoamérica y entonces a partir de ahí es como mostrar también que no solamente está el títere de guantes -el más común en argentina-. Los chicos además aprenden de las distintas técnicas. Los títeres son un arte milenario que cada cultura los toma y los interpreta a su manera. Este año viene gente de México y tratamos de que su espectáculo sea muy mexicano, respetamos la identidad. La gente de Brasil viene del norte y con una técnica que se llama “mamulengo” que es viejísima y se utiliza en Brasil y eso lo van a poder disfrutar nuestros niños
-Que interesante nutrirse de las experiencias y la idiosincrasia de las compañías para que los chicos puedan aprender a partir de esas obra de otras culturas, máxime teniendo en cuenta la interculturalidad muy presente en nuestra región
Te cuento una anécdota. La gente de Payla Menuko- la comunidad Curruhuinca-  hace unos años bajaron al pueblo a ver una función en Cotesma, eran todos niños que estaban alucinados con los títeres. Esos niñitos de la comunidad Mapuche les toco ver una obra de Brasil quienes hacían su espectáculo en portugués. Yo tenía mis prejuicios y trate de explicar en un principio y los chicos no me prestaban atención porque querían ver títeres. Cuando terminó la obra me quede sorprendido por como participaron y aplaudieron. Les pregunto al terminar, -¿chicos, entendieron?  Y uno me dijo con claridad “Sí, en la historia lo que sucedía era que un señor le quería quitar el agua al otro y a nosotros también nos pasa lo mismo” O sea, el mismo  problema existía allá y se entendió perfectamente. Y lo hicieron en otro idioma, y con otra técnica y cultura. También hemos decidido, que los chicos puedan conocer el teatro, que es otro el ambiente y otra calidad
A través de los personajes o creaciones uno también conoce a las personas. Si tuvieras que mencionar a alguna de tus criaturas ¿Cuál elegirías?
Que loco!, me paso que hace más de 20 años en un festival tuve la posibilidad de que nos invitaron a hacer una función en el hospital. Era para los niños que estaban internados y no podían ir al mismo. Yo como no tenía ningún  títere al alcance, simplemente use la mano y unas pelotitas simulando los ojos en los dedos, y como una gorrita de sombrero. Y como el títere era tan simple y hablaba como un niño, se me ocurre que ese títere era muy “pedorro”. Entonces quedo ese nombre y se convirtió en un títere exclusivo. Y en realidad es mi mano, no tiene ninguna construcción plástica. Y ese se ha convertido como en un hito.
 Y cuando termina la función, ¿que te sucede con la recepción de los más pequeños?
Son muchas sensaciones, pero hay una sensación importante de vacío. Sensación de terminar, de que acabo una historia, termina un momento mágico cuando no siempre lo son. Yo creo que hay una sensación de haber encontrado y de haber apostado nuevamente y haber ganado un espacio, que es de fantasía, ese espacio que no existe pero puede existir.
 ¿Y ese espacio de vacío es el que de alguna manera te motoriza a continuar con el festival?
Es eso lo que te motoriza. Termina la función y uno tiene la necesidad de hacer otra de nuevo porque vuelve a necesitar ese momento.
Respecto a la disponibilidad para presenciar los espectáculos, Daniel Aguirre nos informó que las entradas gratuitas  para las más de 4o obras ya están agotadas. Respecto a las funciones de cierre, desde el día de ayer (Lunes) y durante el transcurso de la semana, las localidades se pondrán a la venta en el Teatro San José. El valor simbólico del Bono Contribución será de $50. Desde la organización aconsejan adquirirlas con tiempo ya que el teatro sólo cuenta con disponibilidad para 110 personas