viernes, 16 de junio de 2017

Alicia en nuestras casas, un clásico para leer, inventar, pensar, descubrir, construir

Por Julieta Sánchez

Y entre libros “con capítulos”, como piden mis hijos, nos encontramos a principio de año con un regalo hermoso que fue una edición completa de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll.

Este es un clásico que fue retomado por muchos otras obras de literatura dirigida tanto a adultos como a niños. Si bien la lectura del texto tiene ciertas complejidades, es muy posible compartirla en familia con niños de diferentes edades siempre que haya un adulto en el rol de mediador.

Lewis Carroll trabaja mucho sobre los juegos y las posibilidades que nos brinda el lenguaje; posibilidades de pensar el mundo de manera diferente, posibilidades de cuestionar lo instituido, de descubrir otros universos, de transformar la propia realidad.

Es una obra llena de móviles que abren puertas para conversar sobre diferentes temas, para seguir imaginando posibilidades luego de la lectura de cada capítulo.

A continuación un fragmento, para invitar a todos a continuar leyendo. Este es un libro que se encuentra disponible tanto en la biblioteca 4 de febrero como en la 9 de julio.

El Gato sonrió al ver a Alicia.
Parecía tener buen carácter, consideró Alicia; pero también tenía unas uñas muy largas y un gran número de dientes, de forma que pensó que convendría tratarlo con el debido respeto.
– “Minino de Cheshire”, empezó algo tímidamente, pues no estaba del todo segura de que le fuera a gustar el cariñoso tratamiento; pero el Gato siguió sonriendo más y más. “¡Vaya! Parece que le va gustando”, pensó Alicia, y continuó: “¿Me podrías indicar, por favor, hacia dónde tengo que ir desde aquí?”.
– “Eso depende de a dónde quieras llegar”, contestó el Gato.
– “A mí no me importa demasiado a dónde…”, empezó a explicar Alicia.
– “En ese caso, da igual hacia dónde vayas”, interrumpió el Gato.
– “…siempre que llegue a alguna parte”, terminó Alicia a modo de explicación.
– “¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte”, dijo el Gato, “si caminas lo bastante”.
A Alicia le pareció que esto era innegable, de forma que intentó preguntarle algo más: “¿Qué clase de gente vive por estos parajes?”.
– “Por ahí”, contestó el Gato volviendo una pata hacia su derecha, “vive un sombrerero; y por allá”, continuó volviendo la otra pata, “vive una liebre de marzo. Visita al que te plazca: ambos están igual de locos”.
– “Pero es que a mí no me gusta estar entre locos”, observó Alicia.
– “Eso sí que no lo puedes evitar”, repuso el gato; “todos estamos locos por aquí. Yo estoy loco; tú también lo estás”.
– “Y ¿cómo sabes tú si yo estoy loca?”, le preguntó Alicia.
– “Has de estarlo a la fuerza”, le contestó el Gato; “de lo contrario no habrías venido aquí”.